Mary Ellen

 Copeland

Apoyando a Una Persona en Crisis

Cualquier persona puede pasar por una crisis, un período en el que se siente tan agobiado o con tanto temor que se comporta de una manera muy inusual o extraña. Puede estar muy agitado – corriendo de aquí y para allá sin rumbo, hablando entre dientes, gritando, berreando, gesticulando como loco, hasta lanzando amenazas en contra de si mismo o de otros. Puede estar destruyendo la propiedad. O puede estar muy callado, negándose a relacionarse de alguna manera. Generalmente en una crisis, es muy evidente que la persona está muy perturbada y agitada.

Una crisis puede ser precipitada por algún evento como por ejemplo un accidente, la muerte de un ser querido, un acontecimiento triste en los reportajes de noticieros, el recibir malas noticias, el ser maltratado por otra persona o personas, la pérdida de una casa o un trabajo, o el uso del alcohol o drogas. Puede ser ocasionada por reacciones inesperadas de los medicamentos recetados. Puede ser el resultado de un mal sueño, una pesadilla, pensamientos o recuerdos molestos, o recuerdos de algo que sucedió recientemente o hace mucho tiempo. Puede llegar cuando menos se la espera , aparentemente sin ningún evento precipitador conocido o reconocido.

La manera en que los demás manejan una crisis puede influir en el resultado de manera positiva o negativa e incluso, en algunas circunstancias entre la vida y la muerte. Es demasiado común que el resultado trágico sean más experiencias traumantes o la muerte.

He aprendido a través de mi propia experiencia, escuchando anécdotas de otros y leyendo historias en la prensa sobre personas en crisis, que la manera en que los demás manejen la crisis puede tener un gran impacto en el resultado. Por ejemplo, supongamos que un hombre parece estar muy alterado y agitado. Está en un lugar público lleno de gente, está corriendo y gritando que hay personas que lo están persiguiendo y que lo quieren matar. Está empujando a algunas personas mientras se mueve alocadamente entre la gente.

Algunas maneras en que se puede manejar esta situación:

  1. La gente le grita y le dice que tiene que callarse. Lo llaman loco y amenazan con llamar a la policía. Alguien lo agarra y lucha contra él y lo somete. El escapa y corre. La gente lo persigue. Lo agarra. La policía llega. Lo sujetan y le ponen esposas en las manos y en las piernas y se lo llevan.
     
  2. Alguien, quizás varias personas, hablan con él en voz baja y con compasión, preguntándole que ha pasado, que es lo que necesita y que le ayudaría. Lo animan a hablar y a que les cuente como se siente. Le aseguran que van a mantener su seguridad. Le permiten expresar sus sentimientos y sus emociones. Esperan con paciencia, manteniendo a él y a los demás seguros hasta que él se calme. Lo agarran o lo abrazan si eso es lo que él quiere. Cuando se ha calmado, hablan juntos sobre lo que él necesita y sobre lo que le ayudaría para sentirse mejor.

¿Cuál de estos dos caminos le haría a usted sentirse mejor si estuviera en una crisis? Yo sostengo que la mayoría de las crisis pueden ser manejadas de la segunda manera, y que nunca son necesarias muchas de las conductas descritas en el primer escenario.

 

 

Mary Ellen Copeland, PhD   PO Box 301,  West Dummerston, VT 05357
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